La ceremonia en una iglesia en La Lagunita llegó a ser emocionante por momentos gracias a las salves rocieras que llenaban el espacio de música.
.
.
La celebración muy bien organizada. Durante un buen rato se diferenciaba poco de cualquier otra celebración de alto standing, hasta que al cabo de unas horas entró un grupo de tambores que transformó el salón de baile en un concierto (de Womad, digamos) con unos ritmos y tonadas puramente venezolanos que hicieron imposible que alguien pudiera no estar bailando (incluido, ¡ay!, yo mismo...).
Nos fuimos contentos hacia las cuatro de la mañana después de un chocolate con churros y/o unas arepitas y empanadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario