La que le sigue es El Tirano, una playa similar pero aun más virgen en la que prácticamente no había nadie. En su extremo más lejano, unas barcas de pescadores llegaban y salían: casas bajas de colores; en lo alto de una palmera, un joven sin seguridad alguna, despojaba al árbol de sus frutos con un machete y los dejaba caer; en una casita, un grupo de mujeres pintaba a la Virgen del Valle para su cercana fiesta. Más allá, decenas de barcas de colores descargaban pescado y pequeños puestos a escasos metros lo vendían desde primera hora.
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Ha sido la estampa más tópica pero igualmente la más bonita. Compré uno de los trabajos artesanos en honor a la Virgen del Valle: un lienzo vertical sin marco de aproximadamente 120x40cm pintado a mano con no pocos detalles en 15eur...
El avión debía salir a las 20:45h. Algo más de una hora más tarde, despegó. Ninguna disculpa.
En Caracas, sobre las diez y media de la noche, tuvimos que arreglárnoslas para coger un taxi que no nos estafara y que tuviéramos la confianza de que era realmente un taxi. Hubo suerte y llegamos a casa sanos y salvos poco después de las once: Welcome back to the jungle!
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