jueves, 15 de octubre de 2009

Las tres comidas

- Desayuno en Amsterdam:
Nos levantamos a las seis. N nos llevaría al aeropuerto para coger el avión a las ocho. Tomamos un café rápido, nos arreglamos y salimos a la calle siendo aun de noche. En la carretera, camino del aeropuerto, íbamos viendo el amanecer.
La despedida de N fue un "Muchas gracias y hasta luego", porque, si no nos vemos allí, lo haremos aquí.
Durante el vuelo, vimos la mañana holandesa desde el cielo y dormimos un rato.
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- Almuerzo en Madrid:
Hacia las once y poco estábamos ya en casa de A e I. Ducha, reposo y vuelta a la calle en busca de algún sitio donde comer... Entramos en un mesón burgalés en la zona donde estaba originalmente el pueblo de Hortaleza, a diez minutos de la casa, y tomamos un almuerzo español: pisto con huevo, bonito con pimientos asados, trucha al horno, filete de ternera, tinto de verano y café.
Volvimos a casa, vimos un poco la tele y salimos hacia el aeropuerto.
- Cena en Las Palmas:
Mi madre nos fue a buscar a Gando y nos dejó en casa, donde nos reencontramos con A e I. Como no podía ser de otra forma, I tenía ya preparada una suculenta cena de bienvenida bastante canaria: lubina rellena de verduras al horno (estilo papillon) con papas arrugadas y vino tinto y, para terminar, papayo con fresas y chocolate...
Tras la cena, hablamos y seguimos bebiendo un rato, nos pusimos a ver algunas de las fotos del viaje (que no son pocas) y nos fuimos agotados a la cama.
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- Prólogo:
F dice, y tiene toda la razón, que no podemos más que sentirnos eternamente agradecidos por tener la posibilidad de haber hecho este viaje, de haber visto todo lo que hemos visto, vivido lo vivido, habernos encontrado con amigos que nos lo han dado todo y más, que nos han abierto sus puertas y han disfrutado y agradecido, a su vez, nuestra visita y, además, volver ahora a nuestro sitio con todo esto en la memoria y el corazón y seguir hacia adelante tirando de nuestro carro enriqueciendo, en lo posible, cada día, nuestra visión del mundo, de la gente y de la vida.
Gracias, pues, a A, I, N, E, M, B, J, R, C (aunque no pudo finalmente estar) y, como homenaje a Mercedes Sosa, gracias a la vida que nos da tanto.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Pequeñas despedidas

En nuestro último día completo en Amsterdam, el más despejado y frío hasta entonces, por fin nos volvimos a levantar temprano. A las nueve ya estábamos en planta y, hacia las diez, pedaleando rumbo al centro.
La primera parada fue para comer algo. Volvimos a ir a la terraza en la que habíamos estado el jueves con N. No queríamos despedirnos de la ciudad sin probar nuevamente el bocadillo de salmón. Esta vez, me pareció que estaba incluso más bueno. Allí, nos dejamos calentar un poco por el solecito mientras los cisnes y patos nos pedían, a nuestro lado, un poquito de salmón. Pero no nos dejamos convencer...
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Había otra visita que yo quería hacer antes de irme: el Barrio Rojo y sus chicas (aunque siendo martes por la mañana, ya no eran tan chicas como el otro día...).
Debíamos entregar las bicis antes de las dos y media. Hacia la una y algo llegamos a Mac Bike y decidimos quedárnoslas unas horas más, aunque el muchacho nos dijo que tendríamos que pagar el día completo (...y no eran precisamente baratas).
Como estábamos cerca de la isla artificial al norte de la ciudad (N nos había dicho que valía la pena verla), hacia allá nos fuimos. Lo curioso de esta isla es su arquitectura moderna y los pequeños canales que se construyeron como guiño al centro. Además, en su cara norte hay pequeños barcos que le dan apariencia portuaria al entorno.
Precisamente, en esa cara norte, pasamos de casualidad por delante de uno de los locales a lo largo de la calle Surinamekade, en donde un chico de unos treinta y tantos estaba manipulando y desplazando unas esculturas de madera y hierro. Nos contó que era él quien las hacía y, al ver nuestra curiosidad, dijo que esas no estaban aun acabadas pero que si queríamos, podíamos pasarnos por donde tenía las ya terminadas, en otro de los locales de esa misma calle. Como no teníamos prisa ni nada concreto ya que querer hacer, dijimos que sí. Nos recibió una chica llamada Anna que nos fue contando la historia de cada una de las piezas en exhibición.
Eran, en su mayoría, esculturas de medio-gran formato hechas principalmente de madera traída de África. También las había de mármol y piedra. No todas eran figurativas ni realistas. Jugaba, más bien, con texturas, formas y colores, teniendo la idea del paso del tiempo y su impresión en el material un papel importante en lo que el escultor, Mathieu Nab, quería transmitir (para ver su página web, pincha aquí).
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Tras estar un rato hablando con Anna, nos recomendó que fuéramos a ver el Lloyd Hotel (justo saliendo de la isla). Decía que era un edificio muy bonito en donde, si queríamos, podríamos tomar un café o una cerveza en su moderna cafetería. Pues nada, al Lloyd Hotel nos fuimos y nos tomamos un café y una cerveza...
Volvimos a la plaza de la Estación Central, devolvimos por fin las bicis (finalmente no nos cobró el día de más) y nos fuimos al mercado de las flores a terminar de comprar lo que nos quedaba.
Leidsestraat, Koningsplein, Reguliersdwarsstraat (para aprovechar por última vez el Happy Hour del April), unos vinos y unas rosas en el Albert Heijn y de vuelta a casa, que teníamos cita para cenar con M en su piso.
Llegamos sobre las nueve y nos lo encontramos terminando de preparar su pasta al forno en su amplia y cálida cocina. Hablamos, tomamos vino, comimos y nos conectamos a través de Skype con B que está aun en Viena con su hijo J recién nacido. Fue una pena que no pudiéramos verla en casa con su marido, pero gracias a la tecnología, pudimos hablar un rato con ella y constatar que está muy guapa y se encuentra bien...
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Abrimos un vino italiano bastante fuerte y seguimos hablando de Holanda, Italia, Venezuela, España, Las Palmas y viendo las fotos de cuando M estuvo en Canarias hace quince años...
Al final, ya sobre las dos de la mañana, M nos acercó a casa porque debíamos levantanos muy pronto al día siguiente.

martes, 13 de octubre de 2009

Amsterdamse Bos (Naturaleza y urbe)

El día empezó tarde otra vez. A eso de las 12 estábamos saliendo de casa, siguiendo una de las rutas que N me recomendó. Nos dirigíamos hacia Amsterdamse Bos, un parque enorme, a veinte minutos de la casa, que rodea un bonito lago.
La diferencia con el Vondel Park es que es mucho mayor, con el citado lago en su centro, un pequeño muelle deportivo y, lo más atractivo para mí: que es casi salvaje. Es decir, los caminitos que tiene son estrechos y puedes ir por la misma ribera del lago, por un camino irregular, no acondicionado para bicis, sintiéndote inmerso en la naturaleza como si estuvieras a kilómetros de la urbe. Pero no, estábamos cerca de todo. Es otro de los atractivos de Amsterdam: puedes dar dos pasos y ya estás en lo verde, en lo que para un canarito sería el campo...
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Llendo hacia el Bos, al estar relativamente alejados del centro y por una zona de empresas, tuve por primera vez la impresión de estar en una ciudad (según la imagen que tengo de ella). Habia edificios modernos, calles más anchas... pero, sobre todo, era la arquitectura lo que te hacía verlo así. Los edificios de IBM y los de otras diversas empresas (con no más de treinta años) dibujaban más el arquetipo de ciudad que uno tiene dentro pero, por supuesto, sin dejar el carácter holandés de lado: todo lleno de carriles bici y los inmuebles rodeados de agua y patos como si fueran fosos de castillos medievales.
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Desde el Amsterdamse Bos, continuamos el curso de uno de los canales que desembocan en el lago y nos fuimos acercando al centro. Paramos en un barrio de alto standing por el que pasábamos y F compró El País (ya lo estaba necesitando...) y seguimos por la calle del Van Gogh Museum y el Rijksmuseum. Dimos vueltas por el centro buscando algun sitio barato donde comer y finalmente N, que tenía el día libre, nos llamó y quedamos en el Mercado de las Flores para ir a una pizzería cercana (Saturnino).
Tras comer copiosa y gustosamente, estuvimos viendo el citado mercado. Compré algo para mi familia y subimos en las bicis hacia el Dam para buscarle un vinilo a L y comprar una tarta en el Bijenkorf.
Cumplidas dichas obligaciones, nos acercamos al Barrio Rojo para tomar unas cervezas en el Queen's Head y disfrutar de su zona para fumadores: un pequeño cuarto en la parte baja del local (literalmente muy cerca del baño) con una puertita que daba al canal, viendo los patos y cisnes pasar a medio metro de distancia.
Volvimos a casa, previo paso por el supermercado de Koningspleine, una vez la ligera lluvia que caía cesó y cenamos en casa: arenques con cebolla, navajas al natural, pechuga de pollo con gambas, queso para untar, pan y vino (lo que restaba de la caja...).
Unas horas de charla, en las que se barajaba la posibilidad de venirse a vivir a este bello lugar (o casi que a cualquier otro fuera de esta España mía, esta España nuestra...) y a la cama para no desaprovechar las horas de nuestro último día y noche en los Países Bajos.
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lunes, 12 de octubre de 2009

El día después

Como era lógico y tras habernos acostado sobre las seis, nos levantamos después de las doce. N y yo fuimos a comprar algo para comer y nos encontramos por el camino a J y R que venían a la casa a vernos.
Tomamos un copioso desayuno: pan, jamón, queso, mantequilla, mermelada, huevos duros... y mucho café. Nos relajamos un poco hablando y J, R, F y yo volvimos al centro en la bici. Ellos debían devolver las suyas antes de las dos, asi que nos fuimos tranquilamente a la Estación Central, las dejamos en Mac Bike y bajamos por Damrak hacia el Prik.
Al llegar, chocolate caliente y reposo, con nuestro casi amigo ya Stejn en la barra: hablamos y disfrutamos del local, con su tranquilidad y comodidad.
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Hacia las seis, nos despedimos de ellos (se iban a coger el tren a Copenhagen), dimos una vuelta tranquila por el centro, nos alejamos incluso un poco hasta casi perdernos y bajo una lluvia, por momentos bastante intensa, con truenos y relámpagos que convertían la noche en día durante unas centésimas de segundo, encontramos el camino de vuelta a casa de N y E y llegamos sanos, salvos y felices.
Tras cenar lasaña, nos echamos en los sillones y tuvimos una agradable noche hogareña haciendo zapping por las cadenas holandesas (que en muchos casos, no se diferencian en exceso ni de las españolas ni de las francesas ni inglesas ni, me temo, occidentales en general) y viendo una película que N nos recomendaba vivamente y que estuvo bastante bien: Zwarteboek (El libro negro) de Paul Verhoeven. Al final incluso, en plan Garci, tuvimos un pequeño coloquio analizando la película para aclarar algunos puntos que no nos habían quedado claros y nos fuimos a la cama, no tardando mucho en caer en los brazos de Morfeo...
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Día D y II (La noche)

Tras la cena, fuimos a un bar llamado Montmartre, donde tomamos las primeras cervezas entre una muchedumbre de holandeses que bailaban y cantaban canciones de popfolk? holandés entre risas y miradas furtivas. Apenas se podia hablar (ni casi moverse) pero lo pasamos bien.
Seguidamente, fuimos al Café Rouge (todo muy francés, como se ve). Un lugar también muy holandés en el que ya habíamos estado el viernes y que tiene en sus paredes, entre algunas otras cosas, cuadros y fotos de la antigua reina holandesa y de la actual (su hija) además de algunas otras imágenes de la familia real, juntos y por separado...
De alli, al Palma. Otro lugar pequeñito y coqueto, justo en una esquina entre dos calles, con unos grandes ventanales que permitían ver la calle y en el que (por fin) se podía fumar. En un momento dado, una chica se subió a la barra y empezo a bailar entre los vasos y las botellas para regocijo de todos y, en concreto, de F. Enseguida, se le unió un chico y estuvieron un buen rato alli mientras el camarero, detrás de la barra, hacía balancear la lampara del local de un lado a otro (el techo era bastante alto, con lo cual había espacio suficiente para que se moviera). Antes de irnos, F fue corriendo a hablar con la chica y le dijo en español: "Bueno, yo no sé si me vas a entender algo pero me ha parecido fantástico el baile que te has echado...!" "Pues claro que te entiendo, niño" dijo ella, "si es que soy de Jaén...!!!"
Ya con la alegría en el cuerpo, fuimos a otro sitio del que no recuerdo el nombre (Leeuwtje, me dice E) también pequeñito, iluminado con luces cálidas. Al poco de haber llegado, entraron dos chicos, amigos del que estaba detras de la barra y éste, tras hablar con ellos, encendió un aparato de música y dijo: "Vale, ahora vamos a cantar un poco, pero no me culpen a mí si no les gusta, quéjense a estos dos muchachos que son los que me lo han pedido..." cogió un micrófono y se puso a cantar una canción típica holandesa o algo así y terminó todo el bar a coros y dando palmas, incluídos nosotros...
Y por último, el Exit. Allí, la locura, y el colocón, ya eran bastante altos y no sólo por nuestra parte. Había chicos, chicas, homos, heteros, rubios, morenos... por haber, parece que había, según F y creo que no se equivoca, chicas de compañia. Una o dos, como mínimo, con otros dos o tres jóvenes a ninguno de los cuales le hacían ascos...
Yo quería quedarme porque ya estaba entusiasmándome con unos y otras, pero lo mejor fue volvernos poco después, con las bicis y bajo una ligera lluvia, dando así fin a la noche de cumpleaños.
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Día D I (Luz diurna y cena)

El sábado 10 era el de la fiesta. J y R habían llegado desde el viernes pero al estar quedándose con unos amigos en Haarlem, no los vimos hasta ayer.
Quedamos con ellos cerca de la Estacion Central, en una terraza de Damrak. El día mantenía la tregua de lluvia y se podía estar sentado tranquilamente al aire libre. Se les veía muy guapos y felices. J estaba algo malo de la garganta y hablaba con ronquera. R parecía más joven desde la última vez que lo vi, hace justo ahora dos años. Nos sentamos y pedimos para nosotros lo mismo que estaba comiendo J: tortilla de queso con ensalada y un café con leche.
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Al terminar, nos propusieron coger el barco que recorre los canales y a por ello fuimos. Dejamos las bicis amarradas a un árbol y nos metimos en el barco largo y bajo, como no puede ser menos para poder navegar por entre los canales, y estuvimos una hora más o menos. Fue una buena idea porque el punto de vista es totalmente distinto desde alli. Saqué varias fotos que, probablemente, estarán entre las más bonitas del viaje.
El barco pasaba por los principales canales y una grabación iba contando la historia de cada uno de ellos y alguna anécdota concreta. Al final, salía del centro y pasaba por el antiguo puerto de Amsterdam, ya casi en mar abierto, desde donde vimos, entre otras cosas curiosas, dos barcos-hotel, igualmente muy largos y no muy altos, sólo dos plantas, a los que se podia acceder desde el agua o desde alguno de los diques...
Al terminar, J y R alquilaron dos bicis donde mismo las cogimos nosotros (volví a sacarle una foto a la chica de Mac Bike), dimos un pequeño paseo por el centro y nos dirigimos a casa de N, donde comimos algo, bebimos, se habló en varios idiomas y nos preparamos para la cena.
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Alrededor de las nueve menos cuarto llegamos al Havanna y ya estaban todos alli, desde los amigos de N residentes en Amsterdam hasta el amigo italiano de F, igualmente habitante de Amsterdam desde el 2004.
La cena estuvo bien. La gente, creo, se divertía y, a pesar de un incidente por parte del camarero y la jugarreta que nos intentaron hacer con el vino, el ambiente fue distendido y variado. Las nacionalidades presentes eran: españoles (3), holandeses (3), alemanes (2), estadounidense (1), portorriqueno (1), luxemburgués (1), francés (1) e italiano (1), con lo que al igual que hace dos años, prácticamente hacíamos sombra a la ONU.

sábado, 10 de octubre de 2009

Van Gogh y los canales y el Prik

Día soleado otra vez. Entre una cosa y otra, no salimos de casa de N hasta las 11 ó 12. Fuimos directamente al museo de Van Gogh y pasamos un buen rato alli. A F le encantó. A mí también me gustó ("Los comedores de patatas" sobre todo), pero debo aprender a saber lo que siento ante determinadas cosas para poder juzgar si me gustan o no, si me despiertan un interés o si simplemente lo juzgo de la manera que se espera que lo haga, socialmente me refiero.
Después, estuvimos dando vueltas por los canales, tomamos unas cervezas, almorzamos un sandwich club de luxe con café con leche en Reguliersdwarsstraat y nos dirigimos al Prik, cerca del Dam a tomar un par de cervezas más.
Allí, conocimos a un chico de la Republica Checa que hablaba perfectamente español por haberlo estudiado y haber vivido varios años en Barcelona y estuvimos un rato charlando con él. Tenía un aire a John Lennon y parecía inteligente. Me llamaba la atención su aparente seguridad y su naturalidad al hablar con nosotros. Era muy correcto y tranquilo.
Finalmente, cuando E se nos unió tras su jornada de trabajo, fuimos a cenar a un restaurante Francés, el Côte Ouest, donde probé una sabrosa gallete rellena de queso con bacon, huevo frito un tomate asado y ensalada.
De alli, (ya llovía otra vez) nos dirigimos al Café Rouge, donde F rompió a bailar, y finalmente al Soho, desde donde al cabo de una hora o asi, pedaleamos hacia la casa bajo una lluvia algo más que ligera.
F y yo ya nos habíamos quedado solos porque E se había ido desde el Café Rouge y N al poco de llegar al Soho, así que la vuelta en bici bajo la lluvia la hicimos solos y si nos es por F, yo estaría todavia buscando el camino...
En casa, E y N seguían despiertos y estuvimos un ratito juntos hasta que nos fuimos todos a la cama.

viernes, 9 de octubre de 2009

Todo es nuevo bajo el sol

Al levantarnos, nos sorprendió un cielo casi totalmente depejado y unos hermosos rayos de sol que entraban por el balcón. El azul del cielo era como el de un cuadro holandés: un celeste intenso en contraste con unas nubes carnosas blanco-grisaceas. Desde que cogimos el tranvía hacia el centro, una nueva Amsterdam se mostró ante nuestros ojos. Los colores despertaban y parecían más intensos con el cielo azul de fondo. Cualquier cosa que viéramos tenía una vida y una presencia que ayer no habíamos conocido. Podías ver la perspectiva de las calles, la disposición de los edificios cerca de Lelylaan y los colores de anuncios, señales de tráfico, bicicletas, la ropa de la gente...
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Y el centro era una explosión de reflejos, contrastes, tonalidades... La plaza de la Estación Central, que ayer vimos bajo el agua, resplandecía hoy dejando ver las fachadas de la estación en sí y la de los majestuosos edificios que la circundan, a pesar de las obras de la nueva línea de metro que limitan bastante la apreciación.
Aprovechando el buen tiempo, fuimos directamente a Mac Bike para alquilar, ahora sí, dos bicis y por fin recorrer la ciudad como la tradición manda. N nos llevó a una terraza, en la parte trasera de una cafetería, que estaba, literalmente, en un canal: sobre el agua, con los patos acercándosete a 50 centímetros. Alli tomamos un bocadillo del mejor salmón ahumado que he probado hasta ahora, con lechuga y salsa de eneldo y charlamos de lo humano y lo divino viendo los botes pasar llenos de turistas, la orilla de enfrente con sus casitas de chocolate y el puente que cruzaba el canal, a 10 metros de nosotros.
Después, visita al barrio rojo con sus chicas en los escaparates, sus museos del sexo, sus peep-shows y todo lo imaginable sobre el tema. Lo de las prostitutas me sorprendió por lo jóvenes y guapas que eran muchas de ellas y por cómo se ofrecían a un metro de ti y a la misma altura a la que pasas andando, con miradas y sonrisas pícaras que atraerían al más pintado...
Seguimos la ruta ciclista hacia el Jordaan y paramos en una chocolatería para degustar la rica variedad holandesa. Pasábamos por canales y más canales: más anchos, más estrechos, más limpios, menos limpios con más o menos patos y cisnes... pero todos igual de bonitos, con el sol entrando por un lado u otro, haciendo brillar la superficie del agua.
La inevitable visita al coffee-shop llegó poco después y no me decepcionó. El café con leche era muy bueno y el ambiente especial. Esto ya fue a las seis de la tarde, con lo que aprovechamos para ir al Happy Hour del April y tomar dos cervezas al precio de una.
Hacia las siete u ocho nos dirijimos a la casa pasando por el Vondelpark (que volveré a visitar con más luz) y nos reencontramos con Eric: charlamos, tomamos vino (que habíamos comprado hoy en una tienda, en un subsuelo, sólo de vinos de todos los paises), fumamos y comimos una carne deliciosa en salsa americana con el risotto de F que a todos encantó. Seguimos hablando, fumando, bebiendo, escuchando musica, riendo y F hizo, con lápiz y papel, tres dibujos memorables que reflejan el ambiente en el que estabámos.
Por último, algo de jazz clásico en la radio digital, enviar por fin el e-mail de confirmación-invitación para la cena del sábado y a la cama a descansar.
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jueves, 8 de octubre de 2009

Paseando bajo la lluvia

Desde las 10.30h ya estábamos en la calle. Fuimos en tranvía al centro buscando una tienda de fotografía para comprar un filtro protector para mi cámara. No deja de llover y no quiero que la lente del objetivo se me raye de tanto secarla. Recorrimos el centro bajo el agua: Leidseplein, Leidsestraat, Koningsplein, Kalverstraat, mercado de las flores y las decenas de callejas a lo largo y ancho de los canales.
Para comer, recurríamos a sandwiches comprados en supermercados o, para almorzar, un localito muy tranquilo y coqueto en una esquina, entre dos canales no muy anchos, llevado por un señor muy educado y tranquilo, donde comimos unas hamburguesas y bocadillos observando a los viandantes y los canales a través de la ventana. Local del que tuve que salir, antes de empezar, a la búsqueda de un cajero cercano para poder pagarle, porque no admitía tarjetas.
Por suerte, entre las 13 y las 17, más o menos, dejó de llover y pudimos ver tranquilos todo el centro. Después, empezó otra vez y casi no paró hasta la madrugada.
Por la tarde, cogimos el tranvía hasta la Centraal Station y fuimos bajando hasta Leidseplein y ,en Reguliersdwarsstraat, nos metimos en el April Amsterdam a tomar unas cervezas. Nos coincidió que era la happy hour y. donde eran dos, fueron cuatro...
El poco tiempo que llevamos aqui ya me basta para ver que me gusta la ciudad (la parte central, lo que he visto). Me resulta coqueta, bonita, las casas y edificios a lo largo de los canales son preciosos. Muchas de ellas parecen casitas de chocolate y me trasportan a cuentos de ensueño y fantasía... A lo mejor lo estoy flipando un poco (y eso que a María no la he visto, ni quiero).
Las bicis aun no las hemos alquilado, debido principalmente a la lluvia, pero se esperan mejores días, una vez pase esta tormenta, y entonces sí que volaremos sobre dos ruedas...
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miércoles, 7 de octubre de 2009

Madrid-Amsterdam

Nos levantamos con el tiempo justo de desayunar, vestirnos e irnos. En Barajas, algún problema para facturar en las maquinitas pero nada serio. El vuelo fue agradable. La lectura y el paisaje evitaron que se hiciera largo.
Al llegar, tuvimos que esperar a N algo más de media hora durante la que estuvimos dando vueltas por el centro comercial al que se sale directamente desde el aeropuerto. Justo al llegar no llovía, pero al volver a salir a buscar el coche, el agua había empezado a caer y ya no pararía hasta bien tarde.
Dejamos las maletas en casa de N y E, donde apreciamos lo agradable que habían dejado el piso y el excelente trabajo de instalación eléctrica, puertas, paredes y casi cualquier pequeño o gran trabajo que se requiere en la reforma de una casa. Tomamos una cerveza, fumamos algún cigarrillo y salimos otra vez: cerca del Dam, en el Bijenkorf, para comprar un regalo a una compañera de trabajo de N que estaría de baja por maternidad. De allí, callejeamos un poco por entre coffee-shops de todo tipo, bares, tiendas, restaurantes... hasta venir a dar a un bareto gay en una zona en que no los hay (dicen que están intentando abrir fronteras por ese barrio...). Tentempiés varios, cervezas, charla. Mientras, la noche iba cayendo...
De vuelta en tranvía a casa, previa visita al supermercado, y reencuentro con E, que ya había llegado: vino, cigarrillos, charla, musica, cena, vino, cigarrillos, charla, musica, ron, charla, cigarrillos y a la cama.
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martes, 6 de octubre de 2009

Lisette Model, Rufus y Tom

Ayer, también nos entretuvimos un poco para salir y fue a las 13h cuando llegamos al S.Bernabeu. La expo de Lisette Model abría a las 14h, así que fuimos a comer algo en los bajos del edificio donde F vivió cerca de nueve años en Gral.Perón. La comida: olvidable. La exposición estuvo bien. Parece que esta señora fue la profesora de, entre otros, Diane Arbus y Bruce Weber. Se ve que Arbus tomó mucho de ella, de su visión de lo grande y lo excéntrico... A mí me llamaron la atención las fotos de las piernas de los transeúntes (solas, en primer plano) y me gustaron las de los reflejos en los escaparates de Manhattan que, como ella misma decía, eran "fotomontajes naturales".
De allí, cogimos el metro hasta Plaza de España para ir a Callao (levantado por unas obras harto ruidosas), donde en Fnac busqué sin encontrar "Amsterdam Global Village" para A, pero salí llevándome el primer disco de Rufus Wainwright y uno de Tom Waits de los ochenta.
Tras un breve paso por la casa para relajarnos, volvimos a ir al centro para cenar, lo cual hicimos en el Zara: comida casera cubana y, como suele ser habitual, nos encontramos al famosillo de turno... Para finalizar, una copa en la plaza de Chueca y de vuelta a casa para descansar.
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lunes, 5 de octubre de 2009

Fantin-Latour, Velázquez, Caravaggio...

Día tranquilo el de ayer. Nos levantamos algo tarde (el cuerpo y la mente nos lo pedían) y al llegar al centro, era ya cerca de la una. Fuimos al Thyssen a ver una expo de Henri Fantin-Latour (el creador de, entre otros cuadros, "Coin de table" en el que salen, junto con distintos poetas parnasianos del XIX, Rimbaud y Verlaine). Tiene retratos y bodegones muy bonitos en un estilo clásico. Lo que me llamó la atención fue el color de fondo de muchos de los cuadros: un tono neutro, tirando a gris-verdoso que aislaba la imagen principal y que me recordaba vagamente los retratos en blanco y negro con fondo blanco de Avedon.
De allí, nos acercamos al Prado porque la entrada era libre de 17 a 20, pero la cola era tal que pasamos y nos tiramos un rato en una parcela de césped a ver la gente y la vida pasar. Al cabo de algo más de media hora, la cola desapareció y aprovechamos para entrar.
La visita fue muy ligera, sin presiones ni obligaciones. Así que fuimos directos a lo que queríamos ver (el Caravaggio) y admiramos lo que nos cruzábamos (Velázquez, Rubens, el Greco...). A pesar de ello, se me pasó ir a ver al Bosco. Otra vez será.
Por la noche y para cerrar el día, cenamos tranquilamente en la pizzería de debajo de la casa (no quisimos volver al centro) y nos fuimos a ver la tele un rato (Pekín Express, Dragolandia, Los espigadores y la espigadora . Dos años después, etc... todo a trozos) y a la cama.
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domingo, 4 de octubre de 2009

De vuelta en Madrid

Hace una hora que llegamos a Madrid. El tiempo es agradable. Estamos cansados por la salida de anoche en LP, pero felices de estar de nuevo por aquí. Como era tarde y estaba casi todo cerrado, entramos en uno de los pequeños bares típicos españoles que hay en la misma calle de A. Me resultó curioso encontrarme casi de repente en otro ambiente: una ciudad que no es la mía (por mucho que parezca venir en los últimos años), unas personas que no son las que veo habitualmente. Me veía inmerso en la cotidianeidad de otra ciudad, otras personas, otra forma de vivir, de actuar, de expresarse, otro carácter... Es lo bueno de viajar: poder ver la vida en otro sitio, las diferencias y similitudes, el tiempo pasando en una geografía que no es la que uno recorre en su día a día.
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