viernes, 9 de octubre de 2009

Todo es nuevo bajo el sol

Al levantarnos, nos sorprendió un cielo casi totalmente depejado y unos hermosos rayos de sol que entraban por el balcón. El azul del cielo era como el de un cuadro holandés: un celeste intenso en contraste con unas nubes carnosas blanco-grisaceas. Desde que cogimos el tranvía hacia el centro, una nueva Amsterdam se mostró ante nuestros ojos. Los colores despertaban y parecían más intensos con el cielo azul de fondo. Cualquier cosa que viéramos tenía una vida y una presencia que ayer no habíamos conocido. Podías ver la perspectiva de las calles, la disposición de los edificios cerca de Lelylaan y los colores de anuncios, señales de tráfico, bicicletas, la ropa de la gente...
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Y el centro era una explosión de reflejos, contrastes, tonalidades... La plaza de la Estación Central, que ayer vimos bajo el agua, resplandecía hoy dejando ver las fachadas de la estación en sí y la de los majestuosos edificios que la circundan, a pesar de las obras de la nueva línea de metro que limitan bastante la apreciación.
Aprovechando el buen tiempo, fuimos directamente a Mac Bike para alquilar, ahora sí, dos bicis y por fin recorrer la ciudad como la tradición manda. N nos llevó a una terraza, en la parte trasera de una cafetería, que estaba, literalmente, en un canal: sobre el agua, con los patos acercándosete a 50 centímetros. Alli tomamos un bocadillo del mejor salmón ahumado que he probado hasta ahora, con lechuga y salsa de eneldo y charlamos de lo humano y lo divino viendo los botes pasar llenos de turistas, la orilla de enfrente con sus casitas de chocolate y el puente que cruzaba el canal, a 10 metros de nosotros.
Después, visita al barrio rojo con sus chicas en los escaparates, sus museos del sexo, sus peep-shows y todo lo imaginable sobre el tema. Lo de las prostitutas me sorprendió por lo jóvenes y guapas que eran muchas de ellas y por cómo se ofrecían a un metro de ti y a la misma altura a la que pasas andando, con miradas y sonrisas pícaras que atraerían al más pintado...
Seguimos la ruta ciclista hacia el Jordaan y paramos en una chocolatería para degustar la rica variedad holandesa. Pasábamos por canales y más canales: más anchos, más estrechos, más limpios, menos limpios con más o menos patos y cisnes... pero todos igual de bonitos, con el sol entrando por un lado u otro, haciendo brillar la superficie del agua.
La inevitable visita al coffee-shop llegó poco después y no me decepcionó. El café con leche era muy bueno y el ambiente especial. Esto ya fue a las seis de la tarde, con lo que aprovechamos para ir al Happy Hour del April y tomar dos cervezas al precio de una.
Hacia las siete u ocho nos dirijimos a la casa pasando por el Vondelpark (que volveré a visitar con más luz) y nos reencontramos con Eric: charlamos, tomamos vino (que habíamos comprado hoy en una tienda, en un subsuelo, sólo de vinos de todos los paises), fumamos y comimos una carne deliciosa en salsa americana con el risotto de F que a todos encantó. Seguimos hablando, fumando, bebiendo, escuchando musica, riendo y F hizo, con lápiz y papel, tres dibujos memorables que reflejan el ambiente en el que estabámos.
Por último, algo de jazz clásico en la radio digital, enviar por fin el e-mail de confirmación-invitación para la cena del sábado y a la cama a descansar.
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