Tomamos un copioso desayuno: pan, jamón, queso, mantequilla, mermelada, huevos duros... y mucho café. Nos relajamos un poco hablando y J, R, F y yo volvimos al centro en la bici. Ellos debían devolver las suyas antes de las dos, asi que nos fuimos tranquilamente a la Estación Central, las dejamos en Mac Bike y bajamos por Damrak hacia el Prik.
Al llegar, chocolate caliente y reposo, con nuestro casi amigo ya Stejn en la barra: hablamos y disfrutamos del local, con su tranquilidad y comodidad.
.
.

.
Hacia las seis, nos despedimos de ellos (se iban a coger el tren a Copenhagen), dimos una vuelta tranquila por el centro, nos alejamos incluso un poco hasta casi perdernos y bajo una lluvia, por momentos bastante intensa, con truenos y relámpagos que convertían la noche en día durante unas centésimas de segundo, encontramos el camino de vuelta a casa de N y E y llegamos sanos, salvos y felices.
Tras cenar lasaña, nos echamos en los sillones y tuvimos una agradable noche hogareña haciendo zapping por las cadenas holandesas (que en muchos casos, no se diferencian en exceso ni de las españolas ni de las francesas ni inglesas ni, me temo, occidentales en general) y viendo una película que N nos recomendaba vivamente y que estuvo bastante bien: Zwarteboek (El libro negro) de Paul Verhoeven. Al final incluso, en plan Garci, tuvimos un pequeño coloquio analizando la película para aclarar algunos puntos que no nos habían quedado claros y nos fuimos a la cama, no tardando mucho en caer en los brazos de Morfeo...
Hacia las seis, nos despedimos de ellos (se iban a coger el tren a Copenhagen), dimos una vuelta tranquila por el centro, nos alejamos incluso un poco hasta casi perdernos y bajo una lluvia, por momentos bastante intensa, con truenos y relámpagos que convertían la noche en día durante unas centésimas de segundo, encontramos el camino de vuelta a casa de N y E y llegamos sanos, salvos y felices.
Tras cenar lasaña, nos echamos en los sillones y tuvimos una agradable noche hogareña haciendo zapping por las cadenas holandesas (que en muchos casos, no se diferencian en exceso ni de las españolas ni de las francesas ni inglesas ni, me temo, occidentales en general) y viendo una película que N nos recomendaba vivamente y que estuvo bastante bien: Zwarteboek (El libro negro) de Paul Verhoeven. Al final incluso, en plan Garci, tuvimos un pequeño coloquio analizando la película para aclarar algunos puntos que no nos habían quedado claros y nos fuimos a la cama, no tardando mucho en caer en los brazos de Morfeo...
.
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario