De allí, nos acercamos al Prado porque la entrada era libre de 17 a 20, pero la cola era tal que pasamos y nos tiramos un rato en una parcela de césped a ver la gente y la vida pasar. Al cabo de algo más de media hora, la cola desapareció y aprovechamos para entrar.
La visita fue muy ligera, sin presiones ni obligaciones. Así que fuimos directos a lo que queríamos ver (el Caravaggio) y admiramos lo que nos cruzábamos (Velázquez, Rubens, el Greco...). A pesar de ello, se me pasó ir a ver al Bosco. Otra vez será.
Por la noche y para cerrar el día, cenamos tranquilamente en la pizzería de debajo de la casa (no quisimos volver al centro) y nos fuimos a ver la tele un rato (Pekín Express, Dragolandia, Los espigadores y la espigadora . Dos años después, etc... todo a trozos) y a la cama.
.
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario