Tres minutos después, cogió sus bártulos y abandonó el lugar. Jamás, hasta ahora, había sentido tal opresión en el pecho. "Me temo que serán achaques de la edad", se dijo. "El tabaco y la mala vida, aunque sea la de mentira, terminarán por matarme de verdad...".
A las cuatro en punto estaba ya en el centro. La gente se apelotonaba en busca de algo o de alguien. Entre las cabezas pudo observar a dos chicos bailando breakdance y a una jovencita de menos de veinte años vociferando o recitando algún tipo de rima. El piso estaba mojado y resbaladizo. Algo más allá, cerca de la puerta de la iglesia, a una señora mayor, presumiblemente extranjera por sus facciones, le patinó la bici y se dio contra el suelo. Una enorme noria, en el centro de la plaza, daba vueltas sin cesar...
Se le ocurrió pasar por casa de L. Quizás tuviera algo que ofrecerle. Pero nadie respondió. Era su hora de descanso y seguramente pensó que sería él.
El frío comenzaba a ser intenso, así que decidió ir a su casa. Encendió un cigarrillo y le vino a la cabeza el estribillo de Home and dry de los Pet Shop Boys...
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