miércoles, 31 de agosto de 2011

33 rima con Eduardito (29 de agosto de 2011)

Quedamos para almorzar con Tibisay en un peruano llamado El Ventura. Comida casera muy buena y larga conversación familiar.
Desde allí, la zona de Chacao, fuimos caminando hasta casa de Begoña, donde Eduardo celebraba (por segunda vez) su cumpleaños siendo, ahora sí, el día en cuestión.
La reunión volvió a ser tan buena como las anteriores. La calidez habitual de los venezolanos unida al particular carácter de esta familia, junto con la atención y organización de Begoña en su fantástica casa hacen de cualquier encuentro una agradable experiencia.
Le cantamos el cumpleaños feliz a Eduardo y se bailó, se cantó, se rió y se lloró.

lunes, 29 de agosto de 2011

Feliz Navidad.

Ayer almorzamos una cena tipicamente navideña: hallacas, pan de jamón y ensalada de gallina. Los astros se alinearon de tal forma que la Nochebuena cayó el 28 de agosto a mediodía.
Por la noche, William nos puso X-men: First Class, la última entrega de esta saga, que está muy bien.

domingo, 28 de agosto de 2011

Cristo tiene la edad de Eduardito.

Aunque oficialmente don Eduardo Ron Hernández cumple el lunes 29, ayer celebramos en su casa su 33 cumpleaños.
Fue una fiesta variopinta y dinámica con amigos del trabajo de Eduardito, sus tíos y tías, primos, hijos de primos, amigos de su hermano y amigos de la familia. En fin, que llegamos a ser alrededor de treinta personas o más.
Como toda celebración que se precie, hubo charlas interesantes, música variada y de calidad, diversidad de comida y bebidas, bailes, rifas y risas.
El rango de edad de los invitados oscilaba entre los 20 meses de Camila y los 79 años de Dilia. Todos hablaban, comían, bailaban, jugaban, reían, bebían, fumaban, cantaban o callaban.
Hubo charlas productivas como la mía con Reinaldo y la de Felipe con la muchachada (Manuel, Jacques, J.B...), contrastando siempre las informaciones y opiniones existentes y formadas sobre este país y esta capital.
En fin, que agradecemos a Eduardo esta fiesta tan completa y agradable que recordaremos largamente.

26 de agosto de 2011 (Margarita y IV)

Salimos aun más temprano (8 ó 9) decididos a inspeccionar más allá de Parguito.
La que le sigue es El Tirano, una playa similar pero aun más virgen en la que prácticamente no había nadie. En su extremo más lejano, unas barcas de pescadores llegaban y salían: casas bajas de colores; en lo alto de una palmera, un joven sin seguridad alguna, despojaba al árbol de sus frutos con un machete y los dejaba caer; en una casita, un grupo de mujeres pintaba a la Virgen del Valle para su cercana fiesta. Más allá, decenas de barcas de colores descargaban pescado y pequeños puestos a escasos metros lo vendían desde primera hora.
.

.
Ha sido la estampa más tópica pero igualmente la más bonita. Compré uno de los trabajos artesanos en honor a la Virgen del Valle: un lienzo vertical sin marco de aproximadamente 120x40cm pintado a mano con no pocos detalles en 15eur...
El avión debía salir a las 20:45h. Algo más de una hora más tarde, despegó. Ninguna disculpa.
En Caracas, sobre las diez y media de la noche, tuvimos que arreglárnoslas para coger un taxi que no nos estafara y que tuviéramos la confianza de que era realmente un taxi. Hubo suerte y llegamos a casa sanos y salvos poco después de las once: Welcome back to the jungle!

25 de agosto de 2011 (Margarita III)

Nos levantamos temprano y caminamos hacia el lado opuesto al habitual: Playa el Agua. Algo más sucia, pero más popular. Una pequeña avenida con tienditas, sitios donde comer, pequeñas posadas, hotelitos... Aprovechamos para volver a surtirnos.
Compramos empanadas de carne mechada y queso, subimos al apartamento, preparamos un guarapito (cafe solo muy claro) y desayunamos en la terraza.
Volvimos a nuestra playa (Parguito) y la volvimos a recorrer. Inspeccionamos los locales a pie de playa (juguitos, empanadas, restaurantes, ostras, cocadas...) y dimos con un puesto del que Raudo nos había hablado (llevado por su amiga Teresa: las mejores cocadas de Playa Parguito) y saboreamos las nuestras: la clásica para Felipe y la de fresa para mí. Más baños, más sol y más charla.
En la televisión, por la noche, Chávez mantenía una reunión con sus ministros que daban todas las cadenas nacionales, diez o doce, en riguroso directo. El cable mantenía su programación.

24 de agosto de 2011 (Margarita II)

La vida sigue igual. Baños en aguas cálidas. Paseos costeros. Observar, descansar y hablar.
A la caída del sol, volvimos a la playa a disfrutar de la arena más fresca y del tiempo casi detenido.

sábado, 27 de agosto de 2011

23 de agosto de 2011 (Isla de Margarita)

Despertamos a un mar azul transparente y a unas arenas casi blancas. Muy poca gente, mucha tranquilidad. Ideal después de casi veinte días en Caracas.
Paseamos por la orilla con precaución por el fuerte sol. Fuimos hasta las zonas de la playa más animadas y nos dimos un par de buenos baños en las cálidas aguas caribeñas.
De vuelta y antes de subir al apartamento, nos compramos unas empanadas de cazón,en un puesto en la playa, a la entrada del complejo (o condominio, como se dice aquí): cazón, queso y carne mechada.
Llamamos a nuestro taxista particular (Fernando) y dimos un pequeño rodeo por zonas cercanas antes de comprar en un "ratán" algunas provisiones para los días venideros.
Por la noche, cenamos una carne olvidable con ensalada y vino chileno agradable, hablamos en la terraza del apartamento de lo humano y lo divino mientras los relámpagos de una tormenta lejana iluminaban el cielo ante nosotros.

22 agosto 2011 (De camino a Margarita)

Almuerzo con Raudo que nos ha hecho un gran regalo: cuatro días en su apartemento al borde del mar en la isla de Margarita.
Camino a La Guaira en dirección al aeropuerto. Como íbamos con tiempo, aprovechamos para ver parte de la zona del deslave de 1.999 en donde se ven aun restos de los corrimientos (barro, piedras...) y edificios afectados, algunos de los cuales han sido "invadidos" u ocupados por gente sin vivienda...
Llegamos a Maiquetía a las cinco de la tarde. El avión debía salir a las siete y media, pero finalmente no lo hizo hasta las nueve y media (¿disculpas por parte del pasaje de la aerolínea?, ninguna).
Entre una cosa y otra, llegamos al apartamento alrededor de las once de la noche. Tuvimos tiempo de experimentar la alta humedad de Margarita, escuchar la cercanía del mar e irnos a dormir.

lunes, 22 de agosto de 2011

Mari T.

Lo que en un principio iba a ser un brunch, pasó a convertirse en un desayuno tardío o, más concretamente, en un pequeño almuerzo.
Fue en casa de Maria Teresa, un lugar muy bonito en una zona alta de la ciudad (pasando La Trinidad), rodeado de naturaleza y frescor. La comida estaba muy buena: los dos mejores quesos frescos que he probado aquí hasta ahora, unas arepas excelentes y variedad de acompañantes (asado negro, carne mechada, jamón cocido, aguacate...)Estuvimos hasta cerca de las nueve de la noche hablando, riendo y bebiendo (como casi todas las reuniones).
En España a la gente también le gusta sentarse a comer y a hablar y a pasar las horas. Debe pasar igual en otras zonas de Europa y del mundo. Pero las veces que hemos podido hacerlo aquí, además de haber sido normalmente entre familiares y amigos cercanos, se ha creado un ambiente de buen rollo, de comodidad, de animosidad y dinamismo (siempre hay temas de los que hablar, todos se involucran, unos bailan, otros hablan en una mesa, otros en otra parte de la casa; se oye a alguien cantar, a más reir, la música sonando eternamente, se abrazan, se besan, los niños corretean y abrazan también a sus progenitores, a sus tíos...), hay como más contacto físico y más implicación emocional, lo que le da un toque distinto. Pero es que es así en todo. Hay una implicación y, en ocasiones, una explotación o exageración de la emoción, del sentimiento, que puede hacer los encuentros más cálidos o, como en muchas ocasiones en la tele, empalagar de tal forma por lo falso y excesivo que se convierte en lo más cursi del mundo...
Bueno, hoy nos vamos a Margarita por cuatro días. Quizá podamos tener un contacto allí. Una amiga taxista de Begoña. Sería genial...

domingo, 21 de agosto de 2011

El ratón.

Tras el cumpleaños necesitábamos un descanso físico y mental y a ello dedicamos el sábado. No salimos de la casa para nada. Vimos un par de películas por la noche y nos fuimos a dormir.

sábado, 20 de agosto de 2011

Cumpleaños total.

Ayer Tibisay cumplió 50. Buena comida en su casa en San Bernardino, visitas bailonas y bebida hasta cerca de las cuatro de la mañana. Música en vinilo desde Emilita Dago hasta la BSO de Cabaret pasando por Olga Guillot, etc. Niños y preadolescentes corriendo por las habitaciones y el sonido del barrio colándose a veces desde el exterior.
.

viernes, 19 de agosto de 2011

Bautismo caraqueño.

Pudimos renovar la cédula de Felipe en el Parque del Este. De allí, cogimos un carrito por puestos hasta la plaza de La Candelaria. El centro es un eterno bullir de gente y de coches con todo lo que esto implica: polución, gritos, pitas, colorido, intensidad -un caos organizado.
Visitamos las Torres del Silencio y la plaza de Caracas, nos cayó otro palo de agua del que nos pudimos guarecer. Intentamos ir al concierto en la sede de la Orquesta Sinfónica pero no nos dejaron entrar por ir en chores (pantalones cortos), así que nos cogimos el metro en la estación Colegio de Ingenieros para volver a casa.
Fue al entrar al vagón del metro cuando fui bautizado. Mientras intentábamos acceder al vagón, noté como que algo se deslizaba del bolsillo trasero de mi pantalón. Me quedé un poco paralizado por la duda mientras tanteaba que seguía teniendo el dinero y el carnet de identidad, pero me faltaba el papelito donde llevaba apuntados todos los teléfonos de aquí. En fin, antes de que se cerraran las puertas, dos individuos que, con sus gorras, no habían dejado de mirar al suelo como abstraídos, salieron del vagón y ya lo entendí todo. Por suerte, sólo se llevaron los números de teléfono...
Por la noche, tuvimos cena mejicana en casa de Begoña como bienvenida a su hijo menor que volvía de un periplo por Francia y España: comida deliciosa, conversación agradable y ambiente acogedor. Conocí a Reinaldo y se habló algo de política y sociedad, de Venezuela y España.

jueves, 18 de agosto de 2011

Caminata necesaria.

Después de muchos días de poco caminar y mucho coche, hoy, casi por azar (íbamos hacia la parada del metro y decidimos continuar hasta que llegamos a nuestro destino a pie), nos dimos un buen paseo.
Recorrimos parte de la avenida Francisco Miranda desde Macaracuay hasta Chacaíto, previa parada a comer por Los Palos Grandes. Algo más de siete kilómetros.
Creo que nos ha venido muy bien caminar por Caracas. Por un lado, de alguna forma, te ayuda a ubicarte y a ubicar algunos sitios antes visitados, te permite mezclarte más con la gente y ver la ciudad a ritmo de paseo y te hace sentirte más confiado y contrastar tu experiencia con lo que te dicen sobre la inseguridad...
Después, en Chacaíto, cogimos un carrito (guagua pequeña) y fuimos hacia la zona de Bellas Artes. Queríamos ver un concierto gratuito que al final será mañana, así que ya veremos si tendremos tiempo.
Al poco de llegar a casa, hacia las siete, cayó tal lluvia (con sus truenos y relámpagos), que el agua comenzó a meterse por las ventanas cerradas de los cuartos de la casa y tuvimos que buscar corriendo toallas y paños para parar la hemorragia que, finalmente, sólo duró unos pocos minutos.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Dos semanas en Caracas.

Almuerzo-cena en casa de Begoña con los novios y la familia. Paella, solomillo, música, anécdotas, cantes, visionado de fotos y videos de la boda, alcohol y más música. Buenos momentos y otros menos buenos...

martes, 16 de agosto de 2011

15 de agosto.

Después de estar en casa todo el día, y hacia las cuatro y media, bajo un sol resplandeciente y unas pocas nubes, bajamos a comprar cervezas a unas manzanas de la casa. Mientras bajábamos en el ascensor, le dije a Felipe: "Hace un día estupendo, luminoso y cálido. Ya verás...".
A los dos minutos de estar en la calle, empezó a caer lo que aquí llaman un palo de agua que iba cada vez a más, con viento incluido, que nos obligó a resguardarnos bajo un puente junto a varios motoristas empapados y algunos transeuntes más.
Lo que habría sido una salida de diez minutos, se convirtió en cerca de una hora...
Por la noche, salimos a dar una vuelta con Raudo. Durante la vuelta a casa, sobre las doce de la noche, íbamos con el coche por una Caracas semi-desierta y oscura escuchando el Division Bell de Pink Floyd.

lunes, 15 de agosto de 2011

Día de reposo.

Ayer, estuvimos descansando en casa. Almorzamos chino (no comparable al del otro día) y estuvimos viendo algunas fotos del día anterior. Por la tarde-noche, volvimos a casa de Begoña y de vuelta en casa, pedimos pizza (bastante cara para ser aquí) y nos fuimos a la cama.

El día de la boda (sábado, 13 agosto)

Nos preparamos en casa de Begoña que se convirtió en un set de peluquería ambulante: en medio del jardín, un espejo de cuerpo entero que devolvía la imagen de Felipe peinando a Vanessa que maquillaba indistintamente a Begoña a Myriam o a Dilia. Los demás nos íbamos acondicionando para estar a la altura del encuentro.
La ceremonia en una iglesia en La Lagunita llegó a ser emocionante por momentos gracias a las salves rocieras que llenaban el espacio de música.
.

.
La celebración muy bien organizada. Durante un buen rato se diferenciaba poco de cualquier otra celebración de alto standing, hasta que al cabo de unas horas entró un grupo de tambores que transformó el salón de baile en un concierto (de Womad, digamos) con unos ritmos y tonadas puramente venezolanos que hicieron imposible que alguien pudiera no estar bailando (incluido, ¡ay!, yo mismo...).
Nos fuimos contentos hacia las cuatro de la mañana después de un chocolate con churros y/o unas arepitas y empanadas.

sábado, 13 de agosto de 2011

La pre-boda (viernes, 12 de agosto)

Día de pequeñas compras y elecciones para la boda de hoy. Estuvimos por Sabana Grande para comprar unos zapatos y volvimos a almorzar a casa. Siesta de un par de horas y pequeña lectura. Tarde-noche de arreglos y probados. Charla con Eduardito que me enseñó las fotos de sus paseos por Caracas y sus cuadros hechos con el Paint: como él mismo, interesantes y originales.
Por mi parte, ya está todo listo para la ceremonia. Esta tarde nos vestiremos en casa de Begoña y de allí saldremos para la boda.

Jueves 11 de agosto de 2011

Reencuentro de amigos del instituto. Primera visita al Ávila: frondosidad y verdor. Llegamos hasta el Humboldt, el hotel en desuso que corona el monte. Contrastes evidentes: en el camino hacia la zona del hotel, en la que está prohibido fumar por ser un Parque Natural Protegido y a diez metros de algunos puestos de comida, bebida, etc, se amontonan las bolsas de basura que depositan allí camiones que se deben sortear para continuar el camino. Odor insoportable, imagen incomprensible.
La vista de Caracas desde al Ávila vale la pena: una ciudad enorme de siete millones de habitantes en medio de un valle rodeado de montañas.
Mantenimiento del parque casi excelente si no contamos la irresponsabilidad de muchos visitantes que no se preocupan en dejarlo limpio ni la verguenza del mencionado vertedero (cómo no hacerlo) ni el control militar (m-i-l-i-t-a-r) al inicio de la subida con el impagable comentario de que no podría pasar la cámara si mi intención era sacar fotos comerciales que pudieran ser vendidas después (? -primer momento del viaje en el que veo peligrar la cámara-). Por lo demás, día agradable con los amigos de Felipe y degustación para repetir de sandwich de pernil con queso y tomate.
A la vuelta, nos quedamos en casa de Tibi. Conocimos a una familia vecina de dominicanos a la que retraté. Salimos los tres a dar una vuelta: cena en un chino (nada que ver con los conocidos hasta ahora en España) y postcena en Vinósfera, local de amigas de Tibi especializado en vinos. Probamos uno argentino suave y agradable. Conversación intensa y necesaria entre hermanos.
Vuelta en taxi. Muchas calles de Caracas por la noche son prácticamente negras por la falta total de iluminación. Caminar por ellas llega a dar miedo.

Miércoles, 10 de agosto de 2011

Jornada de paseo por el centro y de compras para ultimar detalles para la boda del sábado 13. Visita a la casa natal de Bolivar y alrededores. Tarde en casa de Tibisay: tándem Felipe-Tibisay para darle forma a las banderitas. Reposo por mi parte.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Origen.

Repaso de las calles que vieron nacer el mito: Avda.Libertador, Teatro París, Edificio Cantaura... Visita a la tía Finita, revolucionaria convencida. El parque de Los Caobos con sus dinosaurios y sus cientos de niños y el gentío infinito por el Museo de Bellas Artes, por Sabana Grande, por Chacaíto, gentío infinito everywhere...
Primera salida de noche: Carla nos llevó al Café Teatro. Jóvenes en Las Mercedes como en cualquier gran ciudad. Tatuajes, charlas, copas y una actuación estilo burlesque.

martes, 9 de agosto de 2011

Tibisay y San Bernardino

Jornada tibisayenca. Después de vivir la aventura de un recorrido en coche de un punto a otro de la ciudad con una de las avenidas principales cortada por los buhoneros, recorrido casi imposible bajo un sol que traspasaba la carrocería del coche y hacía el aire acondicionado inútil y que de unos diez minutos que pudo haber durado, se convirtió en casi una hora... Después, digo, de todo esto, nos encontramos con Tibisay en Chacaíto. Volvimos a recorrer el boulevard de Sabana Grande y tuve otra pista del porqué de que las tiendas no tengan carteles: en un país de izquierdas que lucha contra el imperialismo capitalista, una calle comercial llena de carteles y publicidad animando a gastar y a poseer, parece una contradicción...
Recorrimos el boulevard hasta el final, llegamos hasta la Plaza de Venezuela donde hubo una estatua de Colón que un 12 de octubre fue derribada y su cuerpo descabezado paseado y arrastrado por la ciudad y en donde posteriormente, a unos metros, se erigió otra estatua esta vez al Cacique Guaicaipuro, aquel que murió solo en una cabaña rebelándose y rechazando someterse a los españoles.
.

.
Muy cerca, comimos un pollo a la brasa olvidable en un bar restaurante que debe llevar intacto unos cuarenta años. De allí, fuimos hasta la zona de los museos: Teresa Carreño, MBA, Museo de las Ciencias Naturales. Parece que hace años, esta era la zona de la Caracas intelectual: se pasaban las tardes en la Cinemateca, se visitaban los museos, se tomaba cerveza y se llevaba una vida bohemia. La zona, me comentan, estaba casi vacía y no se veía a mucha gente por allí. Ahora, el lugar está lleno de niños jugando, parejas comiendo helados, deportistas y paseantes de perros, vendedores de chupi-chupi y todo tipo de gente, imagino que intelectuales incluidos. Cerca, hay un parque enorme (Los Caobos) que cierra los lunes por mantenimiento y no pudimos visitar, pero al que es probable que hoy volvamos.
Seguimos caminando hacia el barrio de Tibisay, San Bernardino, pasando por calles repletas de gente, coches, ruido, basura y árboles y más verdor entre el cemento y el asfalto.
San Bernardino es una zona residencial muy bonita pero algo descuidada. Un lugar que bien mantenido y limpio (dándole un lavado de cara a los edificios, arreglando las aceras...) podría ganar mucho y multiplicar su encanto.
En casa de Tibisay, estuvimos bebiendo, hablando, etc. Pasamos un par de horas con ella y su hija y nos volvimos en taxi a las Colinas de La California: un trayecto nocturno por Caracas donde también apreciamos lo gran ciudad que es (largas distancias, amplias avenidas externas, coches y gente por todos lados, edificios grandes y pequeños...).
Llegamos rendidos y, tras un excelente revuelto que nos preparó Myriam, caímos sin remedio.

lunes, 8 de agosto de 2011

El Hatillo.

Hoy domingo, hemos pasado parte del día en el pueblo del Hatillo. Se le llama pueblo aunque en realidad está dentro de Caracas, sólo que se ha mantenido casi igual que como cuando hace años no formaba parte del nucleo urbano y en apariencia es un pueblito de casas bajas coloniales y calles estrechas, con su plaza en el centro y decenas de pizzerias (? -efectivamente, hay, digamos, casi una pizzeria por cada veinte personas...!-).
.

.
Pasamos la tarde y después nos acercamos a ver una iglesia en La Lagunita bastante curiosa. Resulta que es un templo ortodoxo rumano llevado por éstos desde que llegaron hace muchos años a Venezuela y que mantienen sus ritos religiosos casi intactos. El estilo arquitectónico es neo-bizantino y es el único templo de este tipo ,junto con otro, que se encuentra fuera de Rumanía. Haciendo click aquí se puede leer algo sobre ella.
Después, nos dimos una vuelta por las zonas cercanas, llenas de mansiones hiper-lujosas de las clases altas caraqueñas, rodeadas de monte verde por todos lados, zonas que están siendo aprovechadas para que los amantes de las caminatas por el campo tengan donde disfrutar y donde te encuentras también con algunos ciclistas de montaña. En fin, un oasis de tranquilidad dentro de la capital a media hora del centro y con unas vistas extraordinarias.

domingo, 7 de agosto de 2011

Sabana grande.

Hoy sábado por la mañana, nos vino a buscar Raudo y su mujer Beatriz. Hemos estado paseando por el recién inaugurado boulevard de Sabana Grande: una amplia vía comercial peatonal como las que puedes encontrar en otras grandes ciudades. La diferencia es que en esta los comercios no tienen ningún tipo de cartel que los identifique porque el gobierno pretende unificar los diseños, según parece, y aun no deben estar listos... Esa es una versión. La otra es que la cosa va a quedarse así, aunque no sé bien por qué... En cualquier caso, el paseo fue agradable. La idea de la Caracas violenta, insegura, imposible para pasear, etc, no es tan extrema como lo pintan (depende, como en cualquier ciudad, de por dónde te muevas), aunque es cierto que todos te dicen que debes ir con los ojos bien abiertos. Yo, hasta ahora, he estado por varios sitios con la cámara colgada al cuello sin ningún problema (ayer por Chacao, Altamira... y hoy por Sabana Grande) aunque manteniéndola agarrada y, en cierta manera, alerta...
Tras el paseo, fuimos a comer por Los Palos Grandes a una terraza tipo Miami: un sandwich enorme y una ensalada César que dejamos porque ya era demasiado... De allí, a casa de Raudo para dejarle a su hijo algo para comer y seguir después.
Nos dirigimos al mirador de la Cota Mil desde donde había una cierta vista de la ciudad. Digo cierta porque unos árboles impedían ver la imagen en su totalidad. Continuamos, tras un rato de charla, hacia Los Próceres, pasando por algunas zonas de barrios (no los más humildes, sino intermedios, de clase media baja, según palabras de Raudo) lo cual fue una buena introducción a esa Caracas tan temida y peligrosa. Desde el coche, conseguí sacar alguna foto.
Ahora, en casa de William y Myriam, nos disponemos a disfrutar de unas arepitas que tienen una pinta que no quiero ni mirar. Vamosló!!!

sábado, 6 de agosto de 2011

Chacao

Ayer, fuimos al mercado de Chacao a desayunar: empanadas de cazón, pollo y carne mechada con un 3 en 1 (zumo de tres frutas) o un café (que -fantástico- casi echaba fuego). Chacao es, parece, una de las zonas de la ciudad por las que puedes caminar sin miedo a la inseguridad. De hecho, nos dimos nuestra buena caminata bajo un sol y un calor cada vez más intensos. Estuvimos por sus calles que podrían recordar a algunas zonas de Las Palmas y también de Málaga (dos ciudades que siempre he tendido a relacionar). Cerca de la plaza de Altamira o plaza de Francia (donde hace unos años se produjeron las manifestaciones en contra del gobierno y en donde hubo disparos contra los manifestantes que dejaron algunos muertos y que creó una pequeña crisis en la vida venezolana -todo ello me fue recordado por una señora que se paró a contármelo cuando me vio que iba a sacar una foto de la plaza: "ah, y que te saquen también la foto aquí a ti porque esta plaza es muy importante para nosotros, bueno para los antichavistas, porque aquí nos manifestamos...-), muy cerca, digo, de esta plaza y con el calor apretando, me pedí en un puesto ambulante, un jugo de caña de azúcar con limón que estaba buenísimo y me ayudó, con su frescor y su dulzor, a combatir el calufón. La zona donde está la plaza (La Castellana) es el puro decorado de una gran ciudad: largas y anchas avenidas con amplias aceras llenas de gente de un lado a otro, con altos edificios (sólo unos pocos modernos) y cientos de comercios de todo tipo. Todo ello circundado de cerca por las montañas de El Ávila.
Lo más moderno que he visto hasta ahora (aparte del Cubo Negro -edificio de oficinas) es el centro comercial de San Ignacio. Es bonito, fresco (a pesar de ser casi totalmente abierto) y con diversidad de tiendas (lógicamente) y se veía limpio y ordenado.
Hoy quizás, salgamos hacia la zona externa de Caracas y visitemos el Hatillo, un antigua pueblo colonial que ya ha pasado a formar parte de la ciudad de Caracas...
.

viernes, 5 de agosto de 2011

Jornada de reencuentros.

Ayer fue un día de reencuentros y presentaciones. Conocí a las hermanas restantes y a algunas de las sobrinas. Fue una tarde noche de hablar, contar, recordar, discutir (política -sólo duró unos minutos por el rápido calentamiento del personal), cantar, reir, reir más, beber, comer, oir y bailar música. Éramos diez personas para comer a las que más tarde se unieron otras cuatro con lo que casi en cada rincón de la casa había animación, gente hablando, niños viendo la televisión, música sonando y, de fondo, el sonido eterno del tráfico caraqueño como un ritmo acompasado sobre el que se improvisaran tonadas llaneras.
.
.

.

jueves, 4 de agosto de 2011

Periplo venezolano.

.

.
Ayer llegamos a Caracas. El caos en el aeropuerto no fue tanto ni tan peligroso como lo pintaban. Aun así, se te acercaban a preguntarte en voz baja si querías un taxi o si necesitabas cambiar dinero.
En La Guaira, donde está el aeropuerto, el calor era de auténtica sauna: un bofetón de calor húmedo te daba no en la cara, sino en todo el cuerpo desde que salías del edificio.
El trayecto a Caracas (45 km = más de hora y media de camino) nos permitía ver los contrastes de la ciudad. Se entra por el este, donde se encuentran más barrios (colores miles, gente vendiendo en mitad de la calle comida, bebida, flores..., coches americanos de los setenta y ochenta, muchos hechos polvo, camiones enormes llevando gente de pie y sin seguridad en la parte de la carga...). Se pasa por el centro (hoteles, edificios altos, miles de carteles publicitarios y más y más coches). En la zona oeste la cosa parece algo menos caótica. Ahí es donde nos quedaremos.
Hoy comienza un nuevo día y desde primera hora se escuchan las pitas de las motos y el eterno pulular de coches y camiones.
.
.

.
.