Ayer, fuimos al mercado de Chacao a desayunar: empanadas de cazón, pollo y carne mechada con un 3 en 1 (zumo de tres frutas) o un café (que -fantástico- casi echaba fuego). Chacao es, parece, una de las zonas de la ciudad por las que puedes caminar sin miedo a la inseguridad. De hecho, nos dimos nuestra buena caminata bajo un sol y un calor cada vez más intensos. Estuvimos por sus calles que podrían recordar a algunas zonas de Las Palmas y también de Málaga (dos ciudades que siempre he tendido a relacionar). Cerca de la plaza de Altamira o plaza de Francia (donde hace unos años se produjeron las manifestaciones en contra del gobierno y en donde hubo disparos contra los manifestantes que dejaron algunos muertos y que creó una pequeña crisis en la vida venezolana -todo ello me fue recordado por una señora que se paró a contármelo cuando me vio que iba a sacar una foto de la plaza: "ah, y que te saquen también la foto aquí a ti porque esta plaza es muy importante para nosotros, bueno para los antichavistas, porque aquí nos manifestamos...-), muy cerca, digo, de esta plaza y con el calor apretando, me pedí en un puesto ambulante, un jugo de caña de azúcar con limón que estaba buenísimo y me ayudó, con su frescor y su dulzor, a combatir el calufón. La zona donde está la plaza (La Castellana) es el puro decorado de una gran ciudad: largas y anchas avenidas con amplias aceras llenas de gente de un lado a otro, con altos edificios (sólo unos pocos modernos) y cientos de comercios de todo tipo. Todo ello circundado de cerca por las montañas de El Ávila.
Lo más moderno que he visto hasta ahora (aparte del Cubo Negro -edificio de oficinas) es el centro comercial de San Ignacio. Es bonito, fresco (a pesar de ser casi totalmente abierto) y con diversidad de tiendas (lógicamente) y se veía limpio y ordenado.
Hoy quizás, salgamos hacia la zona externa de Caracas y visitemos el Hatillo, un antigua pueblo colonial que ya ha pasado a formar parte de la ciudad de Caracas...
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