martes, 13 de octubre de 2009

Amsterdamse Bos (Naturaleza y urbe)

El día empezó tarde otra vez. A eso de las 12 estábamos saliendo de casa, siguiendo una de las rutas que N me recomendó. Nos dirigíamos hacia Amsterdamse Bos, un parque enorme, a veinte minutos de la casa, que rodea un bonito lago.
La diferencia con el Vondel Park es que es mucho mayor, con el citado lago en su centro, un pequeño muelle deportivo y, lo más atractivo para mí: que es casi salvaje. Es decir, los caminitos que tiene son estrechos y puedes ir por la misma ribera del lago, por un camino irregular, no acondicionado para bicis, sintiéndote inmerso en la naturaleza como si estuvieras a kilómetros de la urbe. Pero no, estábamos cerca de todo. Es otro de los atractivos de Amsterdam: puedes dar dos pasos y ya estás en lo verde, en lo que para un canarito sería el campo...
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Llendo hacia el Bos, al estar relativamente alejados del centro y por una zona de empresas, tuve por primera vez la impresión de estar en una ciudad (según la imagen que tengo de ella). Habia edificios modernos, calles más anchas... pero, sobre todo, era la arquitectura lo que te hacía verlo así. Los edificios de IBM y los de otras diversas empresas (con no más de treinta años) dibujaban más el arquetipo de ciudad que uno tiene dentro pero, por supuesto, sin dejar el carácter holandés de lado: todo lleno de carriles bici y los inmuebles rodeados de agua y patos como si fueran fosos de castillos medievales.
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Desde el Amsterdamse Bos, continuamos el curso de uno de los canales que desembocan en el lago y nos fuimos acercando al centro. Paramos en un barrio de alto standing por el que pasábamos y F compró El País (ya lo estaba necesitando...) y seguimos por la calle del Van Gogh Museum y el Rijksmuseum. Dimos vueltas por el centro buscando algun sitio barato donde comer y finalmente N, que tenía el día libre, nos llamó y quedamos en el Mercado de las Flores para ir a una pizzería cercana (Saturnino).
Tras comer copiosa y gustosamente, estuvimos viendo el citado mercado. Compré algo para mi familia y subimos en las bicis hacia el Dam para buscarle un vinilo a L y comprar una tarta en el Bijenkorf.
Cumplidas dichas obligaciones, nos acercamos al Barrio Rojo para tomar unas cervezas en el Queen's Head y disfrutar de su zona para fumadores: un pequeño cuarto en la parte baja del local (literalmente muy cerca del baño) con una puertita que daba al canal, viendo los patos y cisnes pasar a medio metro de distancia.
Volvimos a casa, previo paso por el supermercado de Koningspleine, una vez la ligera lluvia que caía cesó y cenamos en casa: arenques con cebolla, navajas al natural, pechuga de pollo con gambas, queso para untar, pan y vino (lo que restaba de la caja...).
Unas horas de charla, en las que se barajaba la posibilidad de venirse a vivir a este bello lugar (o casi que a cualquier otro fuera de esta España mía, esta España nuestra...) y a la cama para no desaprovechar las horas de nuestro último día y noche en los Países Bajos.
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