miércoles, 14 de octubre de 2009

Pequeñas despedidas

En nuestro último día completo en Amsterdam, el más despejado y frío hasta entonces, por fin nos volvimos a levantar temprano. A las nueve ya estábamos en planta y, hacia las diez, pedaleando rumbo al centro.
La primera parada fue para comer algo. Volvimos a ir a la terraza en la que habíamos estado el jueves con N. No queríamos despedirnos de la ciudad sin probar nuevamente el bocadillo de salmón. Esta vez, me pareció que estaba incluso más bueno. Allí, nos dejamos calentar un poco por el solecito mientras los cisnes y patos nos pedían, a nuestro lado, un poquito de salmón. Pero no nos dejamos convencer...
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Había otra visita que yo quería hacer antes de irme: el Barrio Rojo y sus chicas (aunque siendo martes por la mañana, ya no eran tan chicas como el otro día...).
Debíamos entregar las bicis antes de las dos y media. Hacia la una y algo llegamos a Mac Bike y decidimos quedárnoslas unas horas más, aunque el muchacho nos dijo que tendríamos que pagar el día completo (...y no eran precisamente baratas).
Como estábamos cerca de la isla artificial al norte de la ciudad (N nos había dicho que valía la pena verla), hacia allá nos fuimos. Lo curioso de esta isla es su arquitectura moderna y los pequeños canales que se construyeron como guiño al centro. Además, en su cara norte hay pequeños barcos que le dan apariencia portuaria al entorno.
Precisamente, en esa cara norte, pasamos de casualidad por delante de uno de los locales a lo largo de la calle Surinamekade, en donde un chico de unos treinta y tantos estaba manipulando y desplazando unas esculturas de madera y hierro. Nos contó que era él quien las hacía y, al ver nuestra curiosidad, dijo que esas no estaban aun acabadas pero que si queríamos, podíamos pasarnos por donde tenía las ya terminadas, en otro de los locales de esa misma calle. Como no teníamos prisa ni nada concreto ya que querer hacer, dijimos que sí. Nos recibió una chica llamada Anna que nos fue contando la historia de cada una de las piezas en exhibición.
Eran, en su mayoría, esculturas de medio-gran formato hechas principalmente de madera traída de África. También las había de mármol y piedra. No todas eran figurativas ni realistas. Jugaba, más bien, con texturas, formas y colores, teniendo la idea del paso del tiempo y su impresión en el material un papel importante en lo que el escultor, Mathieu Nab, quería transmitir (para ver su página web, pincha aquí).
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Tras estar un rato hablando con Anna, nos recomendó que fuéramos a ver el Lloyd Hotel (justo saliendo de la isla). Decía que era un edificio muy bonito en donde, si queríamos, podríamos tomar un café o una cerveza en su moderna cafetería. Pues nada, al Lloyd Hotel nos fuimos y nos tomamos un café y una cerveza...
Volvimos a la plaza de la Estación Central, devolvimos por fin las bicis (finalmente no nos cobró el día de más) y nos fuimos al mercado de las flores a terminar de comprar lo que nos quedaba.
Leidsestraat, Koningsplein, Reguliersdwarsstraat (para aprovechar por última vez el Happy Hour del April), unos vinos y unas rosas en el Albert Heijn y de vuelta a casa, que teníamos cita para cenar con M en su piso.
Llegamos sobre las nueve y nos lo encontramos terminando de preparar su pasta al forno en su amplia y cálida cocina. Hablamos, tomamos vino, comimos y nos conectamos a través de Skype con B que está aun en Viena con su hijo J recién nacido. Fue una pena que no pudiéramos verla en casa con su marido, pero gracias a la tecnología, pudimos hablar un rato con ella y constatar que está muy guapa y se encuentra bien...
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Abrimos un vino italiano bastante fuerte y seguimos hablando de Holanda, Italia, Venezuela, España, Las Palmas y viendo las fotos de cuando M estuvo en Canarias hace quince años...
Al final, ya sobre las dos de la mañana, M nos acercó a casa porque debíamos levantanos muy pronto al día siguiente.

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