Esto se repite día tras día con pocas variantes, y lo único distinto son los comentarios y anécdotas que nos contamos entre nosotros (como aquellas primeras historias de amor o sexo, o la película vista la noche anterior o las críticas a "tú ya sabes quién").
El papel de los profesores, en tanto que autoridad, se les reserva a nuestros coordinadores, ya que, por lo menos simbólicamente, serían nuestros superiores, los encargados de tratar con la Suma Autoridad (jefes de estudio, directores en el instituto): nuestros queridos entes abstractos de Madrid.
En cuanto al aprendizaje, pues poca cosa. Me temo que, en mi caso, no aprendí mucho más en el instituto de lo que aprendo aquí. Algo sí, (estaría bueno), pero poco más.
Con esto, lo que quiero decir, es que a veces me parece que sigo estando en el instituto, con la "obligación" de encontrarme aquí; con la cabeza divagando en sueños, realizables o no, cuando en realidad querría estar en otro sitio, haciendo otras cosas y con la esperanza de que hay algo más, algo que me pertenece más que esto, pero que de momento no descubriré porque TENGO QUE estar aquí...
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