Pero el muelle tiene un encanto especial. La soledad y el reposo se hacen más evidentes. Además, los colores y las formas que te encuentras sólo son posibles allí. Los espacios abiertos y lo "gigante" de todo: los barcos inmensos, las explanadas vacías, quietas bajo un amplio cielo azul, hacen que te sientas pequeño y que te parezca estar en una variante de "desierto".
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