domingo, 18 de mayo de 2008

En el muelle. Puerto de La Luz (I)

Pasear un domingo por el muelle de La Luz y de Las Palmas es similar a hacerlo por la ciudad: todo está en reposo, cerrado, solitario, a la espera de que el lunes, el ritmo habitual vuelva a acelerar el motor, a llevarlo hasta las revoluciones necesarias para que la vida siga su curso.
Pero el muelle tiene un encanto especial. La soledad y el reposo se hacen más evidentes. Además, los colores y las formas que te encuentras sólo son posibles allí. Los espacios abiertos y lo "gigante" de todo: los barcos inmensos, las explanadas vacías, quietas bajo un amplio cielo azul, hacen que te sientas pequeño y que te parezca estar en una variante de "desierto".


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