El ajetreo es continuo en lo que es su zona más comercial: la calle La Naval, y en la que sería la frontera con el barrio del Puerto: la calle Juan Rejón. Allí se alinean las variadas y siempre atractivas tiendas de los chinos en los locales que antaño pertenecieron la la comunidad india, que cada vez es menor. Tiendas principalmente de ropa y calzado, pero también otras de electrónica, de bolsos, de cachivaches varios, salones recreativos y hasta bares que pueden llevar anclados en el tiempo treinta años o más y que ahora regentan ciudadanos chinos.
Y todo este barullo de nacionalidades diversas, culturas y lenguajes varios, edades dispares, etcétera, convive, aparentemente, sin el menor conflicto. Y digo: aparentemente, porque me limito a ver la superficie y lo que esta me pueda sugerir, pero en ningún momento he hablado con ninguno de los vecinos, con lo que la visión quizá podría cambiar en algo.
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