Nadie había advertido su presencia. La reunión hasta entonces se había desarrollado con normalidad. No había sensación alguna de inquietud, de inseguridad. Bien es cierto que las puertas estaban abiertas a cuantos quisieran unirse, pero nunca se esperó una visita más sorprendente (los vecinos decían haber visto un destello de luz muy brillante y algo parecido a un platillo posarse en la azotea...). A eso de las tres y veintisiete de la mañana, justo antes de que ocurriera lo que ocurrió, alguien tomó por azar esta escalofriante fotografía:
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