sábado, 20 de junio de 2009

Hace siete años se abrió una puerta

Hace siete años se abrió una puerta. Andaba yo encerrado por entonces en una celda bellamente decorada por mí. Las paredes cubiertas de fotografías y dibujos: imágenes salvadas del olvido de la basura por mostrarme lo que quería ver, lo que me enseñaban y me sugerían. Sueños y promesas de otro mundo, otra región, otro lugar que en nada era aquel que creía más allá de mi encierro. Un lugar que creaba en mi interior mientras la celda se hacía cada vez mas pequeña y opresiva, más oscura e informe, más difuminada y desapercibida sin dejar por ello de ser eso, una celda.
Se abrió entonces, hace siete años, una puerta. Y al salir, me encontré con gente, con personas, con individuos que vivían sus vidas al raso, al aire libre, afrontando los peligros y gozando los placeres en un mundo distinto al de siempre. Un mundo ahora fresco (a veces frío), cálido (a veces sofocante), nuevo (a veces conocido). Un mundo, en fin, vivo.
Me fui quitando poco a poco de encima las capas más ligeras, las que más fácilmente cedían y caían por su propio peso. Después, solo, tirando de las que se resistían y, ya con el tiempo y otras manos, las más soldadas y entumecidas, las que más se llevaban consigo al desprenderse...
Hoy, tras siete años, queda aun mucho por pulir, mucho más por encontrar y otro tanto por construir pero el cielo está despejado y limpio y el paso, algo más seguro, avanza.
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